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domingo, 31 de agosto de 2008

Consideraciones acerca del plan de estudios de la Licenciatura de Filosofía de la UASD


de
Alejandro Arvelo
Contenido

Parte I


El error fundamental de quienes definen la filosofía a partir de su etimología es que terminan por concebirla como un ser, no como un quehacer; como algo establecido, y no como una posibilidad siempre virgen a rehender y recrear lo conocido. No basta con amar la sabiduría. Es necesario buscarla y lo que es más importante aún: encontrarla.

No basta, sin embargo, con licenciarse o doctorarse en filosofía para ser filósofo. El objeto de los estudios académicos en esta área en posesión de la intención y las condiciones orgánicas, racionales y afectivas básicas para hacerlo, cursa la licenciatura en filosofía ofrecida por la Universidad, al egresar este en condiciones de filosofar. Es decir, capacitado para abordar de manera crítica, metódica, conceptual y rigurosa el conjunto de problemas cuyo estudio se reserva a la forma filosófica de abordar la realidad.

No basta con licenciarse o doctorarse en filosofía para ser filósofo. La adquisición de la capacidad de filos
ofar va a depender en cada caso de la actitud asumida por el principiante; actitud que de un modo u otro será determinada por el estado de conciencia del estudiante; no obstante el Plan de Estudios de la carrera, puede ejercer en este sentido una influencia decisiva sobre el aprendiz de libre pensador.

La Universidad está en la obligación de proveer al estudiante de un instrumental teórico que le permita entrar en contacto con el pensamiento filosófico en sus textos originales.

Uno de los senderos de acceso a la filosofía es el conocimiento minucioso de la forma en que lo han hecho aquellos que nos precedieron en la intención y en el gesto. Los dos primeros años de estudios han de estar orientados a proporcionar al neófito un fondo común de verdades que le permita investigar con provecho las cuestiones más apremiantes del quehacer filosófico del ayer y de nuestro tiempo. La necesidad de poner a su alcance los principales procedimientos y técnicas de investigación filosóficas, como medio para adiestrarlo en el análisis conceptual, es impostergable. Al pensum actual deben ser agregados, por lo menos, dos niveles de “Métodos de Investigación Filosófica”, y una mención del mismo nombre. Rosa Krauze, René Descartes, Fernando Salmerón y Humberto Eco, entre otros, han hecho esfuerzos dignos de ser tomados en cuenta por la persona a quien corresponda impartir dicha asignatura por primera vez
[1].

El proyecto de formar pensadores en lugar de eruditos quedará trunco, si no se suministra al principiante los materiales sobre los cuales va a filosofar. El método hay q
ue acompañarlo de un elemento al margen del cual es imposible todo conocimiento e, incluso, todo pensamiento: la cultura. Pero no se trata de la cultura en general, sino de la cultura filosófica, la historia, el discurso político, las artes plásticas y la narrativa. Solo volviendo la mirada hacia quienes han pensado rigurosa, metódica y sistemáticamente el mundo, se aprende a pensar validamente toda realidad pasada, presente o posible.

La necesidad de abrir nuevos caminos monográficos, que vengan a reforzar los ya existentes es impostergable. Es preciso incluir en el nuevo pensum sendos cursos orientados al estudio en sus fuentes originales, del pensamiento de Platón; de Aristóteles; de Sigmun Freíd y el Psicoanálisis; el Existencialismo; José Ortega y Gasset, Unamuno y la Escuela de Madrid; la Escuela de Frankfurt, y el pensamiento filosófico chino, hindú y japonés de nuestros días.

Hasta ahora, Oriente y Occidente se han contentado con plantear sus diferencias desde perspectivas macro-etnocéntricas, en función de la supuesta superioridad o inferioridad de sus respectivas culturas. Detrás de cada nuevo profeta de la superioridad cultura hay más de una finalidad estrictamente política. Dedicarse a los quehaceres propios del pensamiento filosófico implica decidirse a no despreciar nunca una opinión tomando como base parámetros ajenos a su lógica interna. Nuestro pensum no ha tenido en cuenta la existencia del pensamiento filosófico chino e hindú; ni siquiera a la mitológica griega, de donde la tradición cultural de occidente toma no pocos elementos.

Un
a relectura de La Ilíada, la Odisea, El Libro de los Muertos y la Eneida, desde esta perspectiva, nos colocaría en la dimensión de concebir la ruptura que se opera entre el pensamiento filosófico y el pasado mitológico y prefilosófico en sentido dialéctico (aufhebung). La historia de la filosofía I del Plan de Pensamiento Prefilosófico y Oriental.

De Oriente he aprendido a reclamar la ayuda del subconsciente cuando el consciente me la ha negado, en la resolución de determinadas cuestiones afectivas o racionales. Las presentes consideraciones son, en parte, producto de esta técnica de pensamiento. Por esa vía he obtenido muy buenos resultados, y bien me gustaría que otros también aprendieses a extraer el máximo de sus potencialidades intelectuales. Pero no sólo por esto se justifica la adición a nuestro pensum de la asignatura que he propuesto más arriba. No le está dado al filósofo ensoberbecerse del desconocimiento.

La ignorancia no constituye mérito ni confiere derechos, salvo los que se expresan mediante el silencio. No porque ignoremos o dejemos de tomar en cuenta los rudimentos filosóficos de Mesopotamía, Egipto, Judea, India y China, renunciarán éstos a su existencia. Acusándonos de unilateralidad permanecerán por siglos inmemoriales. ¿Qué nos autoriza a condenar al ensordecimiento el principio de la Gran Similaridad, formulado por Confucio, o la filosofía de la religión sostenida por Brijaspati: “No existe el cielo, ni la salvación, ni el alma, ni otro mundo, ni los ritos de casta…el Veda, triple dominio de sí mismo, y todo triste polvo y ceniza de arrepentimiento…medio de vida son para unos seres sin seso en la mollera y sin hombría…¿Cómo podrá este cuerpo, cuando polvo,. Revisitar la tierra? Si un espíritu p
asa a otro mundo, cómo es que la fuerza de su amor por los que deja atrás no lo obliga a volver? Las caras ceremonias, prescritas para aquellos que se mueren, sólo un medio de vida son, ideado por la astucia del clero, no otra cosa…Mientras dure tu vida, dale empleo en asueto y jolgorio, pide en préstamos a todos tus amigos y en festines gasta el dinero en busca de dulzuras”. ¿Qué tiene que envidiarle al ateísmo de Lucrecia? ¿Qué diferencia hay entre estas propuestas éticas y las de Aristipo de Cirene?.

[1] Esta recomendación está motivada por la tendencia predominante en nuestro ambiente espiritual a creer idénticos los procedimientos lógicos (métodos) utilizados por la sociología y la filosofía. Se trata de una extrapolación metafísica no del todo ajena al cientificismo positivista reinante. Ya en la Ciencia de la Lógica planteaba Hegel, con razón, que “la filosofía, si tiene que ser ciencia, no puede, como lo he recordado en otro lugar, tomar en préstamos para este fin sus métodos de otra ciencia subordinada… “Spinoza, Wolf y otros se dejaron engañar al aplicar ese método también a la filosofía, y al hacer del proceder del concepto, lo que es en sí una contradicción”. (J.W.G. Hegel, Ciencia de la Lógica, Editorial Librería Hachette, S.A., Buenos Aires, Tomo I, pp. 38 y 37 respectivamente).

Parte II

Idénticas consideraciones podrían hacerse sobre La Biblia, o , por lo menos, acerca de sus zonas más filosóficas. Por ejemplo: el Génesis, donde se exponen las ideas sobre los orígenes del hombre y del universo; el Apocalipsis, donde es sintetizada la filosofía del futuro (utopía) de los cristianos; los evangelios, donde se aborda la cuestión de la historicidad de Cristo; el Eclesiastés y sus manifiesto antifeminista; los Hechos y las ideas comunitaristas de los primeros seguidores de Jesucristo; el libro de Job, el sentimiento de la angustia que aguarda en sus páginas y su visión del mundo como un constante regreso al punto de partida (eterno retorno).

No se trata de que el Departamento de Filosofía forme curas, monjas o teólogos, sino de que quien estudie filosofía en la Universidad Autónoma de Santo Domingo tenga una visión integral de las tendencias fundamentales de la cultura occidental, así como de los rudimentos espirituales esenciales del pensamiento oriental.

¿Es posible aprehender en toda su riqueza la Summa…de Tomas de Aquino, las Confesiones de Agustín de Hipona, la filosofía hegeliana, el existencialismo kierkegaardiano, el neotomismo de Jacques Maritain o el esencialismo francés de nuestros días en sus justas dimensiones, si se desconocen las fuentes primigenias de sus respectivas tesis?. De incluirse en nuestro plan de estudios así sea un nivel de teología, podría profundizarse en las semejanzas y diferencias existentes entre las formas filosófica y religiosa de abordar la realidad, discutir acerca de si la teología e so no una disciplina filosófica, plantearse la cuestión tan actual e importante para los latinoamericanos de nuestros días de si existe algún punto de contacto entre la filosofía social marxista y el cristianismo (teología de la liberación) a propósito del problema del cambio de las circunstancias en la América Latina; se introducirían algunos elementos de religión comparada (El Coran, El Bhagavad Gita, El Libro de los Muertos, Los Vedas, El Mahabarata, El Ramayana, La Biblia) y se trabajaría en pos de a explicación racional de los orígenes sociales de la religión.

A los latinoamericanos y, fundamentalmente a los dominicanos de los tiempos que corren, ha de llamarnos la atención, de manera especial, el problema de la explicación filosófica de la cuestión religiosa, dado el ostensible peso de esta forma de conciencia en la mayoría de nuestra población, forma de conciencia que siempre o casi siempre se manifiesta bajo ropajes racionales o como ideas-actitudes. ¿Por qué renegar a la consideración filosófica del movimiento de Palma Sola, labor que ya ha iniciado la profesora Lusitania Martínez? ¿Por qué cerrarles las puertas a la consideración teórica a las concepciones que sobre el hombre y su entorno tenían los taínos, Las Casas, Montesinos, Fernando Arturo Meriño, los mormones, los miembros de la Asociación Internacional para la Conciencia de Krisna, los Rosacruces, los practicantes de Vudú, los Yoghis, los Gnósticos, la ideología Maharishi, la ortodoxia católica, los testigos de Jehová y demás manifestaciones espirituales neo luteranas (Adventistas, Templo Bíblico, Iglesia Bautista y Misionera, Iglesia Evangélica Dominicana)? ¿Es que acaso no son discursos con múltiples supuestos filosóficos y políticos? ¿No constituyen estas manifestaciones culturales formas remozadas del realismo escolástico?


Lo ideal, para mí, sería poder sugerir aquí la necesidad de que en el pensum se incluyera una Mención en Teología y Filosofía de la Religión y no menos de tres niveles de Latín, Inglés, Francés y Alemán, respectivamente, sin hacer el papel de bufón o hazmerreír de quienes ignoran que como, con razón planteó Heinrich Heine, “no por reírse el cojo de sus muletas, deja de andar con ellas” y que hay en el pensamiento filosófico matices que se pierden en el más fiel de las traducciones; que entre una buena copia y el original siempre es preferible este último, que es más saludable y refrescante tomar del agua cristalina y pura que a borbotones brota de los manantiales, que de la que a golpes de esfuerzo y artificios provee la civilización.
“¡Detallismo!” – gritará un neoesencialista – Mas tratándose del quehacer filosófico, la miopía del entendimiento de quienes ignoran que las grandes cosas son imposibles o inconcebibles sin la exigencia de las pequeñas, se convierte en ceguera, pues la diligencia y la minuciosidad son dos de sus piedras angulares. Cada idioma y aun cada palabra, que alcanzamos a dominar, ensanchan y llenan de nueva luz el horizonte de nuestra inteligencia y de nuestra sensibilidad.

En la historia de la humanidad ha habido periodos completos en que guerras y amores se han generado o evitado por la sola existencia de determinados matices. En 1978 las nociones de “paz” e “institucionalidad” se constituyeron en los motivos ocultos de no pocos enfrentamientos. Hay momentos en que las luchas sociales se disfrazan con as vestimentas propias de las luchas espirituales.

Hay que adiestrar al filósofo para que estas luchas, pues el espíritu siempre precede a la acción. El raciocinio es la forma por excelencia en que se nos presenta la necesidad de convivencia. La guerra es la forma última que asume la tolerancia.

Una manera de responder a la necesidad que tiene el filósofo de nuestro espacio-tiempo histórico de insertarse con provecho en el análisis de los múltiples discursos que hoy se disputan la hegemonía espiritual del presente y el poder político del porvenir, es aportarle las herramientas teóricas e interpretativas básicas para la comprensión de los fenómenos lingüísticos, mediante la introducción de uno o dos niveles de filosofía del lenguaje; o, en su defecto, de uno de Semiótica y otro
de Introducción a la Lingüística.

Los problemas filosóficos de Occidente siempre o casi siempre han sido los mismos, tratadistas hay que remontan a la Poética de Aristóteles, no pocos de los problemas que en la actualidad debaten los lingüistas; a De ánima, De la Interpretación y los Primeros y Segundos Analíticos los fundamentos de la lógica formal; a Sócrates, la idea de angustia con que opera el existencialismo contemporáneo; a Brijaspati el ateísmo de Marx, y a Platón y Faleas de Calcedonia los fundamentos del ideario socialista, nadie se arrepintió jamás de volver la mirada hacia la cultura helénica en sus fuentes originales, lo cual supone el aprendizaje del idioma griego hablado durante la antigüedad clásica. Sin Grecia, Roma, su pomposo imperio y toda la tradición racionalista conocida no hubieran sido posibles. Todo sería diferente.

Los griegos son mucho más ricos de lo que nuestro ambiente espiritual acostumbra a creer. Pasado y presente no son, en filosofía, más que dos caras de una misma moneda. De ahí la necesidad que tenemos, neófitos y especialistas, de ir al pasado sin prejuicios, peri son perder el contacto con la filosofía del presente.

Sin conocer los alcances y los límites de la tradición filosófica de Occidente, nunca tendremos conciencia de las cuestiones no resueltas por los pensadores que nos precedieron. Sin conocimientos de las tares, ni América, como totalidad, ni ninguno de los países que la integran, se colocarán a la altura de la gran filosofía del siglo XX. El espíritu del mundo tiene en cada época una cartilla de problemas pendientes, y premia con la consagración al pensador que hace conciencia de la existencia de aquellos y se asoma al pórtico de su resolución.

Una de las tareas cardinales de la filosofía occidental es la construcción o reconstrucción conceptual de la totalidad ontológica que la ciencia fragmenta, al procurar conocerla de manera
particular. Filosofar es buscar la aprehensión crítica y coherente de lo general. Sin conciencia integral de la realidad no hay quehacer digno posible para el filósofo. La ciencia procede de la parte al todo; la filosofía, del todo a la parte. De ahí la justificación de la existencia, en un mundo cada vez menos humanos y más parcial, de ése ser enigmático y sereno, inactual y soñador que es el filósofo.

Parte III

El nuestro es un departamento de filosofía occidental, geográficamente enclavado en Occidente. Ignorar la tradición no constituye mérito, menos aun si es la propia. No podrá afirmarse, con propiedad, que tenemos un pensum que trata de formar pensadores, individuos portadores de una visión integral de, por lo menos, las cuestiones filosóficas fundamentales, hasta tanto no sean agregadas a nuestro plan de estudios, con carácter de obligatoriedad, aun si fuese necesario aumentar en dos semestres el tiempo estándar de la carrera, las asignaturas indispensables para hacer realidad dicho proyecto. Sin la inclusión, en el nuevo pensum, de un nivel de exiología, de dos Filosofía de la educación, uno de antropología filosófica, dos de la historia de la cultura dominicana, uno de metafísica, uno de filosofía del derecho y otro de Historia de los Sistemas y los problemas filosóficos y sus soluciones, no lograremos superar el diletantismo ni la unilateralidad característicos de todos o casi todos los egresados de nuestra Escuela. La actividad filosófica se convierte en mero cientificismo, si prescribe de su hacer el sentido de totalidad.

Es tarea intransferible del filósofo de cada época, la determinación del lugar ocupado por la forma de conocer a cuyo estudio ha consagrado su tiempo, en el concierto de las diversas formas de abordar la realidad inventada por el hombre. En la actualidad hay quienes, en nombre de la altura de los tiempos, proclaman a viva voz la resolución de la filosofía, vale decir: su disolución en la investigación sociológica, económica o política. Badiou, Althuscer y Balibar la convierten en arcilla política y con ello creen conquistar el cielo, más otra cosa no hacen que flexibilizar los conceptos de ciencia, filosofía y política hasta el punto de hacerlos lógicamente inoperantes. La inclusión en el listado fijo de asignaturas – no optativas – del nuevo plan de estudios de un nivel de filosofía política, así como de una Mención en Ciencias Políticas colocará al estudiante en el mismo centro de la preocupación de la diferencia específica de la filosofía con respecto a la política, y viceversa; y puede contribuir, además, a aportar los elementos indispensables a aquellos que sientan el llamado de la actividad y de la lucha en pro de la libertad, la justicia y el bienestar social, y deseen dedicarse con éxito a los quehaceres propios de la política partidaria. La insurrección de abril de 1965 obligó a los dominicanos a una participación directa o indirectamente en los negocios de la política, y lo que es peor todavía: a mirarlo todo a través del cristal de los intereses políticos. La filosofía no fue una excepción, y aun en este tiempo, casi tres décadas después, no disfruta de la autonomía epistemológica que de hecho y de derecho le corresponde.

La explicación sociológica, histórica, política, o económica de la realidad social dominicana, americana o universal no le está da
da a la filosofía. Si la filosofía no tiene un rol, un método y un objeto de estudio diferentes a los de la sociología, la historia, la política o la economía, su muerte ya fue decretada. No tiene justificación. De ello no se sigue, necesariamente, que la actividad filosófica sea totalmente autónoma, con respecto a otras formas de abordar la realidad de parecida naturaleza. La conciencia de la relación interdisciplinar es un requerimiento ontológico.

Esta afirmación no alcanza a poner en entredicho el entronque de toda filosofía, como manifestación cultural, en un determinado hacer. La historia es una de las disciplinas fundantes de la filosofía, pero no la única. Al margen de un conocimiento minucioso de la historia universal no hay gran filosofía. Ortega, Hegel, Marx, Dilthey y Nietzsche son sólo algunos de los ejemplos más refulgentes. Es conveniente, por tanto, que a partir de primer semestre se incluyan, sucesivamente, cuatro niveles de Historia de la Civilización, y se agregue, a las ya existentes, una mención en Historia Universal. Los quince créditos correspondientes podrían obtenerse mediante la inclusión de sendos niveles de Métodos y Técnicas de la Investigación Histórica, Antropología Cultura, Sociología del subdesarrollo, Filosofía de la historia y Antropología filosófica.

Nada hace la filosofía con ignorar la existencia de la historia. Tampoco está llamada a convertirse en su cenicienta. Pero tratando de evitarla no hace más que correr tras el viento o intentar huir del badajo maldito del tiempo. Los problemas teóricos que aún en la actualidad está por resolver nuestra América, son problemas derivados de la propia conformación histórica de los países que configuran su geografía. En más de una ocasión se ha intentado explicarlos filosóficamente. Esta cuestión está directamente relacionada con el problema del colonialismo espiritual o de la emancipación mental de los latinoamericanos que tanto preocupara a José Vasconcelos, Augusto Salazar Bondy, Leopoldo Zea, Pedro Henríquez Ureña y Juan Isidro Jiménez Grullón, ante lo cual no somos o no pueden seguir siendo indiferentes quienes comparten la preocupación de si existe o no tradición filosófica en la República Dominicana. Si la hay, qué podría hacerse para rescatarla y darle continuidad, o superarla; y, si no la hay, qué hacer para darle inicio.

Si de responder con solidez a esta cuestión se trata, ha de tenerse en cuenta la historia de la literatura dominicana que es donde, en principio, hay que buscar los rudimentos de filosofía que pudiera haber en nuestro pasado cultura inmediato. El profesor Miguel A. Pimentel hace un esfuerzo digno de tener en cuenta. Uno o dos niveles de Historia de la Literatura dominicana no sólo pondrían al novel pensador en contacto con las ideas subyacentes en los quehaceres específicos de cada uno de los literatos abordados, sino que, concomitantemente, lo relacionaría con los métodos propios de la crítica y la interpretación literarias, conjunto de procedimientos analíticos que luego podrían serle útil en el rastreo del pensamiento filosófico dominicano a través de la historia, si es que existe. Pero aun esto sólo en principio.

La literatura es aquí un medio, no una finalidad en si misma. El fin es la comprensión y continuidad o ruptura (aufhebung) con los antecedentes del desenvolvimiento actual del pensamiento filosófico en la República Dominicana, punto de llegada a cuyas cumbres luminosas es posible acercarse mediante el aditamento de un seminario sobre el pensamiento pre-filosófico taíno, dos seminarios acerca del Pensamiento Filosófico en Santo Domingo ( I: 1492-1844; II: 1844-1986) y la creación de una Mención en Pensamiento Dominicano. Pero esta comprensión no será todo lo plena que puede ser, si se la aísla de un contexto cultural más amplio. La Independencia efímera (1821) no fue del todo ajena a los ideales unitarios de Simón Bolívar, la llegada de Hostos al país, en la segunda mitad del siglo XIX, ató firmem
ente nuestro espíritu al carro de fuego de la evolución espiritual americana; la intervención norteamericana dejó impresa en el alma nacional el utilitarismo, y su retoño más acariciado: el Pragmatismo.

Para entender de manera cabal y multidimensional el pensamiento dominicano, desde 1844 hasta nuestros días, es indispensable el conocimiento del devenir espiritual americano. El pensamiento latinoamericano tampoco puede ser abordado de manera integral al margen de sus homólogos español y universal.

El componente universal está contemplado en el Pensum actual de nuestra carrera; no así el pensamiento español como asunto específico ni el latinoamericano como asignatura fija y obligatoria para los aspirantes a licenciados. Sugiero, en consecuencia, que al pensum actual sean agregados una Historia del Pensamiento filosófico americano, una Introducción general a la Historia de la Filosofía española y una Mención en Filosofía Hispanoamericana.

Epílogo

Quien está equivocado no precisa de castigos, sino de orientación. Las presentes notas no tienen otra pretensión que la de convertirse en material de discusión.

La crítica es, acaso, uno de los recursos racionales más preciados con que contamos, los que hemos dedicado lo mejor de nuestras vidas a estos quehaceres, para enmendar, superar o desechar incluso las propias ideas. Permanecer abierto a todos los afluvios del pensamiento humano es, quizás, la actitud más genuinamente propia de quien se precie de ser un filósofo, así sea en estado naciente.

El filósofo ha de huir, como la sombra a la luz, de las soluciones definitivas. Y, ante todo, ser humilde y oír con paciencia a los demás.

Mi máxima preocupación al llevar al papel estas sugerencias no fue garantizar la colocación “profesional” del egresado ni hacer más accesible el Plan de Estudios de la Licenciatura en Filosofía, sino la necesidad de estructurar un pensum, que, cursado por una persona realmente interesada y con las condiciones orgánicas e intelectuales indispensables, haga de ésta un individuo capaz de entender y estructurar un pensamiento crítico, sistemático, metódico y problemático. Consciente de sus supuestos, sus alcances y sus límites.

Por
lo tanto, su formación ha de ser lo más integral y multidimensional posible. Hoy, por más razones que nunca. Encapuchados dómines se han adueñado del mundo. Su mayor orgullo es no equivocarse nunca y hablar sin rubor sobre cosas que nunca aprehendieron ni entenderán jamás. Quitad a algunos políticos el derecho a las habladurías y a hacer uso de razonamientos falaces y veréis cómo los matan la soledad y el silencio.

El punto de partida de mi exposición tiene dos facetas o dimensiones. La primera es la idea, establecida en el Plan de Estudios vigente, de la transitoriedad del mismo. El segundo elemento de juicio me viene dado por la incuestionable calidad de los egresados. Actor y testigo soy de la calidad de un grupo de jóvenes que estudiaron con el pensum actual y que, en el ámbito intelectual, son verdaderas promesas. algunos de ellos ya son ayudantes y profesores universitarios.
Puede ser que sus dotes provengan de la capacidad de los profesores que tuvieron o de la disciplina intelectual de cada uno de los aspirantes a filósofos; pero también pudo ser que su enjundia no sea del todo ajena al Plan de Estudios que sirvió de guía a sus inquietudes en el área. Sea este dato una advertencia a quienes creen que se puede suprimir en bloque todas o casi todas las asignaturas del listado de materias vigente sin desmed
ro del tacto, de la mesura y del buen sentido que amerita una revisión curricular.

Todo en el mundo es humanamente perfectible. He dejado correr la pluma al compás del torrente de las ideas que me dictaba la imaginación. Es probable que me haya excedido, pero no he querido poner reglas a mi ensueño de ver surgir un movimiento filosófico fuerte y pluridimensional en nuestro país. He soñado consciente de que lo hacía. Sin olvidar ni un instante que los sueños son como los ángeles: demasiado hermosos para ser reales.