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miércoles, 26 de agosto de 2009

mamá: la rueca, el hilo
y el camino del retorno,
la brizna de rocío
que el viento congeló
y la queja que nunca oí.
Molino suave que derramó
de sustancia el corazón.

La vida
en el principio
y al final
de cada herida.
El fiel y la balanza,
y un puñado de rosas rojas
a cada lado del camino.

Lágrima sutil que empapa de nostalgia

este intento de canción.

mamá o la nuda amargura
de pensar en el adiós.

viernes, 14 de agosto de 2009



Entre estas ramas verdes
y este viejo girasol
he vuelto a recordarte,
sobrio artista del miedo y la vergüenza.
“Hay lágrimas que bañan el alma”,
me dijiste aquella tarde junto a un estanque
espacioso y verde como la nada.
Mi empeño por comprender
tu huella blanca y vertical,
la curvatura del cielo
y la tristeza del camino
se ha estrellado una y otra vez contra el vacío.

Esta casa grande y vieja
se me antoja cada vez más distante y tranquila.
Anudados por palabras
en ella viven tu sombra y mi fantasma.
El espíritu de las aguas flota en el ambiente
y hace vibrar sus vigas polvorientas y cansadas.

Tú habitas en cada rendija
de esta pena
y llenas cada resquicio
de esta mañana de ausencia.

martes, 4 de agosto de 2009


a Juan Carlos
y Zoraima Carolina,
ahora que ingresan a la universidad*


Los miro alejarse

los dos
cada día temprano en la mañana
con sus pasitos torpes
sus alforjas de sueño
y su horizonte de nada.
Y yo me quedo solo
contemplando la distancia,
destasando con mis manos
el ovillo de los tiempos que se fueron
y del cielo que perdí.
En primavera y en otoño
bajo el sol de mayo
o la lluvia de agosto.



* Este intento de canción se lo escribí a ustedes, cuando aún eran pequeñitos, pequeñitos, luego de dejarlos, a pocos pasos del portón del Colegio “Divina Pastora”, en un tiempo en que Marsella Alexandra aún no estaba inscrita en la escuela.