lunes 23 de noviembre de 2009

El diálogo como imperativo de humanidad en el "Filoxeno" de León David

El diálogo es uno de los medios de expresión por excelencia de la reflexión filosófica. En él confluyen muchos de los componentes típicos de esta forma de conocer la realidad: apertura hacia la novedad ---cosa distinta de la moda---, la creatividad y el descubrimiento, sentido de la totalidad, pericia en el arte de escuchar, tacto en el ejercicio del criterio, paciencia ante la posibilidad de arribar a conclusiones. El diálogo es, en efecto, una apuesta al servicio de la buena conversación y de la democracia. Vale decir, del reconocimiento del otro, independientemente de cuáles sean sus hábitos mentales, sus costumbres o su concepción del mundo.
Dialogar es, sin embargo, un arte que cuenta con cada vez menos oficiantes en la República Dominicana. El autoritarismo campea, y no precisamente en el Estado, sino en los intersticios de la cotidianidad y de las relaciones académicas y de familia. Esta obra, de la autoría del reconocido poeta y pensador dominicano Juan José Jimenes Sabater, mejor conocido como León David, es una elocuente invitación a percibir el diálogo como algo lúdico, como un ejercicio de constructivo entretenimiento, pero, también, como herramienta de exploración gnoseológica. Se conversa para crecer e integrar a las propias convicciones nuevos aires, nuevas razones, nuevos atisbos de conclusión. Dialogar es ya saberse limitado; hallarse en disposición de ensanchar los horizontes del propio mundo interior.

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lunes 5 de octubre de 2009

Palabras de clausura de la V Feria Regional del Libro, La Vega 2009


PALABRAS DE CLAUSURA DE LA
V FERIA REGIONAL DEL LIBRO LA VEGA 2009

Cuenta Don Gavino Espínola, en el tomo I de La Vega histórica ----publicado por la presente gestión de la Secretaría de Estado de Cultura, a propósito de la celebración de la VIII Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2005----, que en el centro la Plaza de Armas que funcionó en el mismo lugar donde hoy se encuentra el Parque Duarte, a cuyo costado nos encontramos, fue plantada, durante el periodo de la Dominación Haitiana, una palmera a la que los veganos de entonces dieron en llamar La Palma de la Libertad. Cuenta, también, que al oeste, dentro de la misma plaza, había un cocotero de mediano tamaño y abundantes racimos, en cuyo tronco, en tiempos de la Restauración de la República, tuvo lugar un acto impropio e innecesario: el fusilamiento del ciudadano español Manuel Guardiana, por orden expresa del comandante Manuel Mejía. Y se dice que, a seguidas, la mata de coco “bajó sus pencas para cubrir el cadáver”, y que “no las levantó más, secándose por completo como protesta muda por el crimen de que había sido testigo”.


miércoles 26 de agosto de 2009

mamá: la rueca, el hilo
y el camino del retorno,
la brizna de rocío
que el viento congeló
y la queja que nunca oí.
Molino suave que derramó
de sustancia el corazón.

La vida
en el principio
y al final
de cada herida.
El fiel y la balanza,
y un puñado de rosas rojas
a cada lado del camino.

Lágrima sutil que empapa de nostalgia

este intento de canción.

mamá o la nuda amargura
de pensar en el adiós.

viernes 14 de agosto de 2009



Entre estas ramas verdes
y este viejo girasol
he vuelto a recordarte,
sobrio artista del miedo y la vergüenza.
“Hay lágrimas que bañan el alma”,
me dijiste aquella tarde junto a un estanque
espacioso y verde como la nada.
Mi empeño por comprender
tu huella blanca y vertical,
la curvatura del cielo
y la tristeza del camino
se ha estrellado una y otra vez contra el vacío.

Esta casa grande y vieja
se me antoja cada vez más distante y tranquila.
Anudados por palabras
en ella viven tu sombra y mi fantasma.
El espíritu de las aguas flota en el ambiente
y hace vibrar sus vigas polvorientas y cansadas.

Tú habitas en cada rendija
de esta pena
y llenas cada resquicio
de esta mañana de ausencia.

martes 4 de agosto de 2009


a Juan Carlos
y Zoraima Carolina,
ahora que ingresan a la universidad*


Los miro alejarse

los dos
cada día temprano en la mañana
con sus pasitos torpes
sus alforjas de sueño
y su horizonte de nada.
Y yo me quedo solo
contemplando la distancia,
destasando con mis manos
el ovillo de los tiempos que se fueron
y del cielo que perdí.
En primavera y en otoño
bajo el sol de mayo
o la lluvia de agosto.



* Este intento de canción se lo escribí a ustedes, cuando aún eran pequeñitos, pequeñitos, luego de dejarlos, a pocos pasos del portón del Colegio “Divina Pastora”, en un tiempo en que Marsella Alexandra aún no estaba inscrita en la escuela.

martes 21 de julio de 2009

Palabras para el poemario "Nos dolerà la noche" de Romina Bayo

La poeta argentina Romina Bayo ha sido la primera ganadora en esta nueva época del certamen, con su poemario Nos dolerá la noche. Esta es la segunda obra, de la autoría de la joven creadora, que conoce el bautizo de la imprenta. En ésta, no menos que en la anterior, destaca en la escritora una fluidez y una perfección en el decir y en la configuración de las figuras del lenguaje de que se vale que evidencian una madurez poco frecuente en buena parte de sus congeneracionales. Tiene, no obstante, esta obra breve su propio atmósfera. Rezuma la fuerza de un acento personalísimo a través del cual se expresa con firmeza la voluntad de ser, en la vida y en la literatura, de este nuevo retoño del arte de la palabra latinoamericano.

De hecho, temas eternos de la producción poética de occidente ---Dios, el amor, el silencio, la noche, la propia identidad--- adquieren en esta forma breve de libro de gran calado, un aire de eternidad y una gracia inocente que sólo los poetas de estirpe conservan. Los poetas auténticos van siempre por la vida a la caza del sentido virginal de las palabras al uso. Su mirada se sitúa más allá del espejo del mundo. Lo propio de su condición es, pues, ser incomprendidos, sin importar cuan ciertos sean sus anhelos de hacer manifiestos asuntos complejos mediante los signos convencionales de expresión del pensamiento, de las intuiciones, de los sentimientos.

 

miércoles 8 de julio de 2009

Glosas para un intento de lectura del poemario "Esta Ciudad ha sido Tomada por las Piedras", de Alejandro Gonzàlez

Decir poesía es decir libertad. Ahora bien, todo poeta es, al propio tiempo, un testigo de excepción de su espacio-tiempo histórico. La pasión por la lengua es una de las premisas básicas de la creación poética, si bien la gran poesía sólo deja asomar sus filamentos encantados en la medida en que el poeta transgrede los universos de significado que le han servido de punto de partida. La creación artística tiene siempre un inestimable valor testimonial, pues no sólo revela la altitud estética alcanzada en un momento dado, sino que, además, incluye, como difuminados o a contraluz, vestigios de suyo elocuentes de la tradición frente a la que se levanta y de la circunstancia en medio de la cual emerge.

El quehacer artístico es faena intransferible, estrictamente personal. La particular manera en que un poeta se piensa a sí mismo o percibe la noche, su ciudad o la multitud que, entre una y otra, se desplaza, sólo él puede aportarla. La mirada de un poeta es siempre única e irrepetible. Constituye una callada invitación, persistente sin embargo, a re-mirar con pupilas renovadas la realidad, interna y externa. Por ejemplo, es imposible que volvamos a ver de la misma manera ese momento mágico en que los últimos destellos del día y las primeras sombras nocturnas se anudan, después de escuchar al poeta decir… “sucede la noche/(la negra arquitectura del misterio)/bajo sus límites la ciudad/se va poblando/de/silencios” (p. 14), o de sentirlo emprender la marcha “como un forastero solitario emboscado/en cada esquina por el miedo” (p.23) “agredido por la duda/doblegado (…) entre una muchedumbre/confusa/ que se desplaza aferrada a su sombra” (p. 15).


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miércoles 3 de junio de 2009

El diálogo filosófico, avanzada de la conciencia crítica dominicana del presente

(a propósito del libro “El problema de la elección moral” de Eulogio Silverio)
El diálogo filosófico, género de reciente factura entre los dominicanos
Los ensayos, los manuales y los tratados anidan, entre los intersticios de su entramado conceptual, la posibilidad de fosilizar el pensamiento. La racionalidad, como la vida, es incesante búsqueda; ángel en vuelo que no conoce de cansancios ni puertos de llegada.
Platón, sabedor de estas cosas, no sólo inició un sendero nuevo en la consideración de las cuestiones filosóficas, sino que, incluso, llegó a plantearse teóricamente el asunto en el Fedro (275 a). el mito de Theuth le ofreció el motivo perfecto para la conversión del tópico en materia de meditación.

El dios egipcio, inventor de la escritura, se presentó un día, sin más, ante el trono de Thamus, el faraón: “Este conocimiento, ¡Oh rey!, le dijo, hará más sabios a los egipcios; es el elixir de la memoria y de la sabiduría lo que con él se ha descubierto”. Mas, como el faraón entreviera que el dios en su euforia había perdido de vista un aspecto principal, con la debida prudencia, se dispuso a hacérselo notar: “la escritura ¡Oh Theuth!, producirá en los hombres, el olvido de la sabiduría. Fiándose de la escritura, recordarán de un modo externo valiéndose de caracteres ajenos, no desde su propio interior y de por sí. Será, por tanto, la apariencia de la sabiduría, no su verdad, lo que la escritura procurará a los hombres. Una vez que haya hecho de ellos eruditos, sin verdadera instrucción, su compañía será difícil de soportar, porque se creerán sabios en lugar de serlo”.

miércoles 20 de mayo de 2009

La lectura filosófica, un tipo específico de lectura

La Filosofía se ha expresado, a través del tiempo, mediante diversos géneros y modos. El poema, el aforismo, el diálogo, la memoria, el ensayo, la autobiografía espiritual, el manual, la pieza oratoria, el tratado, la confesión y el teatro, entre otros, han sido, de manera consecutiva o concomitante, medios alternativos escogidos por los filósofos para la puesta en común de sus preguntas, reflexiones e intuiciones. Con frecuencia acontece que es preciso ir a buscar los núcleos fundantes de esta particular manera de occidente de acercarse a los secretos del cosmos al corazón mismo de una selva virgen plena de metáforas, personajes imaginarios o de situaciones jamás vistas. En este sentido, la lectura filosófica es, como cualquier otra, un proceso de acercamiento sucesivo.

Todo texto es pasible de una lectura filosófica. Toda creación de la mente humana, e incluso cualquier costado de realidad es pasible de interpretación. La intelección es la única vía de hacer que un objeto, una obra o un conjunto de palabras pase a formar parte de un universo de significados, si bien en el artista y en el pensador el esfuerzo de comprensión se inicia en el momento mismo en que se dispone a exteriorizar sus percepciones. La sola conciencia de la existencia de algo o de alguien contiene, en efecto, la semilla de una cierta comprensión a partir de la cual lo percibido adquiere nueva dimensión. La interpretación es, pues, una de las múltiples aristas de la realidad.


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viernes 15 de mayo de 2009

Breve estudio crítico acerca de la teoría de la ciencia en Aristóteles, última parte

IV – Introducción general al estudio del problema lógico – metodológico en Aristóteles

Con bastante antelación en el tiempo respecto de Aristóteles ya se habían planteado otros pensadores muchos de los problemas actuales de la lógica formal. Por ejemplo, se atribuye a Protágoras el mérito de haber procurado un análisis profundo del razonamiento. Ya hemos visto como el mismo Aristóteles lo que a su juicio son los dos aportes fundamentales de Sócrates a la historia del pensamiento, a saber, la inducción y las definiciones; a Demócrito, se atribuye el haber estudiado la definición, la analogía, la formulación de hipótesis, el método experimental y el principio de razón suficiente; a Hipócrates el haber desarrollado el método de la observación; a Platón la formulación del principio de contradicción, clasificación de las categorías, así como un minucioso tratamiento sobre la refutación; a Euclides y Aristón de Quiro el haber formulado una teoría de la argumentación, establecer un esquema de la inferencia, así como desarrollar una teoría del significado y la verdad, etc… No obstante, es en Aristóteles donde la lógica formal encuentra los más netos niveles de sistematización, hasta tal punto que muchos historiadores llegan a considerarlo como el iniciador de la ciencia lógica; no sin razón, si recordamos que a la lógica en sentido general en la actualidad aún es fiel en lo fundamental las líneas que hace más de 20 siglos le señalara Aristóteles.

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miércoles 6 de mayo de 2009

Breve estudio crítico acerca de la teoría de la ciencia en Aristóteles, IV

IV – Apuntes para el estudio de la teoría del conocimiento en Aristóteles

Según hemos visto, en la metafísica
[1] , Aristóteles ha afirmado categóricamente que “nada que sea universal tiene una existencia aislada de los seres particulares”; pues un universal no hace sino reflejar propiedades y relaciones de los seres sensibles concretos [2] y en tanto que esencia, es absurdo que pueda separarse “de aquello que ella es esencia” sin que éste ser deje de ser. De ahí que por absoluta necesidad todo universal debe venir dado siempre a partir de las entidades particulares, y lo que es más, empíricas, según la opinión de Aristóteles, la experiencia da una visión ejercitada de las cosas pudiendo en consecuencia, aquellos que se basan en ella, captarlos en toda su riqueza y exactitud. Pero bien, siendo la realidad siempre concreta, es evidente que la experiencia será también particular; pero es precisamente a partir de las entidades particulares como es posible aprehender lo universal. De ahí que nadie sea sabio por naturaleza como se desprende de la cosmovisión platónica.
En éste sentido, Aristóteles plantea que es a partid de los principios y en relación con los fines como se hacen las demostraciones, en cuyo sentido el entendimiento es a la vez principio y fin; “no obstante hay que tener en cuenta las afirmaciones no demostradas y las opiniones de las personas empiristas, de los ancianos o de las personas que reflexionan, como también las demostraciones pues la experiencia ha dado a aquellos una visión ejercitada de las cosas, y así ellos las ven con toda exactitud. “(…)” a partir de los hechos particulares se deduce lo universal. Ahora bien: éstas proposiciones particulares exigen la sensación, y ésta sensación es, hablando propiamente, lo que alimenta el pensamiento
[3]. Que si bien la intuición es la fuente originaria del conocimiento científico (primeros principios) “es evidente que hemos de llegar a conocer las premisas, primarias por inducción, pues el método por el cual la percepción sensible siembra en nosotros el universal, es inductivo”[4].

Leer Más...[5], por demás de que, es obvio que un ciego de nacimiento no tendrá idea alguna de los edores, las formas geométricas, etc…

Frente al apriorismo platónico, Aristóteles planteará con insistencia que “nada hay en nuestro pensamiento que no haya estado antes en nuestros sentidos”, llegando a plantear que la teoría platónica de las ideas no pasa de ser una “fantasía poética innecesaria”.
En el Felón, Platón plantea que los sentidos pueden (y con frecuencia lo hacen) engañarnos respecto de lo cual, al parecer Aristóteles va a plantear que los testimonios de los sentidos son siempre seguros cuando se ponen en práctica los recursos de lugar
[6]…la falta de certeza se presenta cuando a tales o cuales objetos aplicamos estos testimonios.

Ahora bien, los sentidos no hacen sino percibir (sensación, percepción sensible) la forma de los objetos sensibles, haciendo abstracción de la materia que le sirve de envoltura (especies sensibles)
[7]. Al sucederse cierto número de éstas representaciones en nuestra memoria se van formando representaciones de una generalidad cada vez mayor, asi, comenzamos- por ejemplo – percibiendo un tipo concreto de planta, verbigracia el naranjo, la caoba, etc., surgiendo en ésa medida la representación de vegetal; el grado de generalidad alcanzado por ésta representación le hace situarse en un nivel muy cercano del universal tanto que ya se halla casi expuesto a ser superado por el mismo, de ahí las razones por las cuales se las llame especies inteligibles, pero en la medida en que aun no ha alcanzado el estadio superior del alma, aun se halla confinado al momento pasivo del entendimiento, es decir, sensible, en última instancia todavía “corruptible e inestable”.

Esta “labor” estará exclusivamente reservada para aquella instancia que Alejandro de Afrodisia bautizó cinco siglos más tarde con el nombre de Entendimiento Agente, que actúa de manera activa y creadora sobre ésta materia semi-elaborada para extraer de allí la esencia pura, ideal…el concepto. Ahora bien, el entendimiento agente no actúa sin el testimonio primero del entendimiento pasivo (imágenes), empero su actividad es autónoma, propia, y hasta cierto punto, “independiente”; ésta actividad es la que se encarga de hacer consciente el espíritu de la “quididad” o esencia pura del objeto o grupo de objetos en cuestión.
En “De Ánima” Aristóteles plantea claramente que “la mente en estado pasivo es tal porque viene a ser todas las cosas, pero la mente posee otro aspecto según el cual hace ella todas las cosas; es este una especie de estado positivo como la luz, pues la luz, en algún sentido hace actuales los colores que son solo potenciales. La mente es en éste sentido separable; no es pasiva ni está mezclada con nada, puesto que es esencialmente una actualidad “(…)”. El conocimiento actual es idéntico a su objeto” (…)”. La mente no piensa intermitentemente. Cuando está separada, ella es su propia verdad y nada más, y solamente esto es inmortal y eterno – pero no recordamos, porque mientras que la mente en éste sentido no puede ser actualizada, la mente en su sentido pasivo es perecedera - , y sin esto no piensa nada”
[8]

viernes 10 de abril de 2009

Breve estudio crítico acerca de la teoría de la ciencia en Aristóteles

II- Apuntes para una aproximación al estudio del condicionamiento social de la teoría de la ciencia en Aristóteles

Aristóteles “hereda” de su maestro los fundamentos de una concepción del conocimiento científico y filosófico “pura”. Esta concepción se explicita a lo largo de todo el conjunto de libros de su “filosofía primera” lo cual es en parte explicable partir de la estructura social griega de la época.
La ciencia de la Antigua Grecia alcanza sus niveles de mayor florecimiento en pleno apogeo del modo de producción esclavista. La mano de obra esclava constituía el fundamento material humano de la producción; y era bastante abundante, lo cual abarataba su valía y determinaba su fácil consecución.
Si la mano de obra esclava se hubiese escaseado, en pleno apogeo de la ciencia griega es posible que esta hubiera contado con algún aliciente o estímulo material para inclinarse hacia la producción material; pero hacia el esplendor del “genio griego” feneció antes en el tiempo, es decir, mientras el esclavismo se mantenía como modo dominante de producción.
He aquí, acaso, una de las razones fundamentales de la orientación eminentemente teoricista, totalmente desligada del proceso productivo que en términos generales “ciencia” caracterizó la “ciencia griega” de la antigüedad clásica.
En otro orden de ideas, reviste de especial interés el caso de Aristóteles que en sus escritos políticos llega a plantear una dicotomía infranqueable entre hombres libres (ciudadanos) y esclavos, arguyendo que se trataba de algo natural; que hasta las montañas y los árboles mostraban jerarquización; que semejando la sociedad una especie de macro familia era evidente que la división o jerarquización era una realidad necesaria, etc. Esto así, por cuanto, si los esclavos habían sido predeterminados para el trabajo físico (que llego a ser considerado por el mismo Aristóteles – inclusive – como algo bajo y degradante, indigno del ciudadano) es “natural” que el ciudadano deberá dedicarse a actividades que se correspondan con su esencia. Si la nacionalidad es lo que diferencia al hombre de los animales y de las plantas, entonces, concluirá Aristóteles, aquel que haya alcanzado un nivel espiritual superior, o sea, cada vez menos ligado a lo utilitario, será más hombre, más humano.
Para Aristóteles, en ésta búsqueda…la ciencia es un atributo y la filosofía su ideal; esto así, pues mientras más “pura” fuese la ciencia estaría más lejos del trabajo sensible, por ende, en la medida en que la ciencia es menos utilitaria es más ciencia, encontrándose cada vez más cerca de la filosofía que es el ideal de todo conocimiento.
“Hay nombres que se parecen más a una planta que a otro hombre”, dirá con insistencia Aristóteles. De ahí la necesidad “natural” a su juicio del hombre en cuanto que tal por el conocimiento, pues “¿Qué es lo que diferencia a los hombres de los animales sino el pensamiento racional?”
Entonces, el hombre será cada vez “más humano” en la medida en que más logre alejarse de la naturaleza y el sentido común, de ahí que la filosofía en Aristóteles también aparece como símbolo de la libertad espiritual y la búsqueda de la “esencia humana”.
No sin “razones” encontramos que en el primer párrafo de la Metafísica Aristóteles afirme que “todos los hombres tienen naturalmente el deseo de saber y conocer. Las sensaciones que nos causan las percepciones de nuestros sentidos son una prueba de ésta verdad. Nos agradan por sí mismas, independientemente de su utilidad”.
De lo antes planteado en torno al condicionamiento social de la teoría de la ciencia en Aristóteles, por lo menos una idea debe quedarnos clara, y es que la filosofía aristotélica de la ciencia no está condicionada solo socialmente sino también teóricamente, como se ha procurado poner de manifiesto con las frecuentes referencias que se han hecho a las filosofías no solo platónicas sino también socráticas, lo cual deja fuera todo intento reduccionista o economicista en el análisis y tratamiento de éste “momento” de la filosofía aristotélica.