
Entre estas ramas verdes
y este viejo girasol
he vuelto a recordarte,
sobrio artista del miedo y la vergüenza.
“Hay lágrimas que bañan el alma”,
me dijiste aquella tarde junto a un estanque
espacioso y verde como la nada.
Mi empeño por comprender
tu huella blanca y vertical,
la curvatura del cielo
y la tristeza del camino
se ha estrellado una y otra vez contra el vacío.
Esta casa grande y vieja
se me antoja cada vez más distante y tranquila.
Anudados por palabras
en ella viven tu sombra y mi fantasma.
El espíritu de las aguas flota en el ambiente
y hace vibrar sus vigas polvorientas y cansadas.
Tú habitas en cada rendija
de esta pena
y llenas cada resquicio
de esta mañana de ausencia.
y este viejo girasol
he vuelto a recordarte,
sobrio artista del miedo y la vergüenza.
“Hay lágrimas que bañan el alma”,
me dijiste aquella tarde junto a un estanque
espacioso y verde como la nada.
Mi empeño por comprender
tu huella blanca y vertical,
la curvatura del cielo
y la tristeza del camino
se ha estrellado una y otra vez contra el vacío.
Esta casa grande y vieja
se me antoja cada vez más distante y tranquila.
Anudados por palabras
en ella viven tu sombra y mi fantasma.
El espíritu de las aguas flota en el ambiente
y hace vibrar sus vigas polvorientas y cansadas.
Tú habitas en cada rendija
de esta pena
y llenas cada resquicio
de esta mañana de ausencia.



1 comentarios:
Navegando por estos mares, siento gran placer encontrarme con esta gran isla, que son tus versos.
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